No sé dónde guardar tanto cariño,
no hay un cofre capaz de retenerlo,
se escapa, se desborda, sobrevuela,
las calles de mi anhelo.
Torrentes indomables convencidos,
intentan sin cesar romper mi pecho,
por doquiera los sueños me acorralan,
las sombras y los sueños.
Yo no sé si hay otra gloria, no sé,
si por descifrar queda algún misterio,
pero por nada cambiaría yo,
lo que hoy estoy sintiendo.