Se está ahogando irremisiblemente,
el Sol engalanado de amarillo,
entre el color granate de la tarde,
y el tenebroso abismo.
Las aguas negras vienen empujando,
con la fuerza del viento enloquecido,
arrastrando a su paso los destellos,
de amor y de infinito.
Yo quisiera en las aguas más profundas,
naufragar y perderme como un niño,
languideciendo como el astro Sol,
callado, pero altivo.
Y nacer jubiloso a la mañana,
sin recordar quién fui ni mi destino,
para con mis versos al caminante,
mostrarle su camino.