Su circunspecto silencio genera
un halo indulgente de verbo y gracia,
y su fulgor transcendente desvela
una sonrisa blanca.
A medida que transcurren los días,
¡al tiempo que nuestro tiempo se marcha!,
siento con más vigor en cada célula,
sus radiantes palabras.
En pasión y luz, arrebato y fuerza,
en relax y vida, quietud y calma,
se está convirtiendo la inútil pérdida
de un sueño en la almohada.
¡Ah, sueño de mis sueños, dulce sueño!,
¡Ay, quimera encontrada entre las lágrimas!,
vuelve a estar conmigo cada noche,
¡y no me digas nada!