Era tu habitación contigo a solas,
era tu corazón y tu cabeza,
disputándose el imperio de tu alma,
tu ingrata adolescencia.
Era el torpe silencio de tu alcoba,
eran tus brazos, tus manos, tus piernas,
tus ojos inquiriendo, suplicando,
alguna útil respuesta.
Era tu pose, tu pelo brillando,
el nítido color de tu conciencia,
eran tu cuerpo, tu gesto, tus labios,
tu ritmo, tu cadencia.
¿Era una duda? ¿Tal vez un misterio?
¿O era el amor corriendo por tus venas?
Cuéntame niña, cuál era el secreto,
dime niña lo que era.