Con qué garbo, con qué gracia y salero,
con cuánta elegancia cruza mi niña,
ya viene, ya está aquí, ¡miradla bien!,
con su eterna sonrisa.
Con su bufanda blanca, su chaqueta,
y el precioso bolso de una tribu india,
con sus guantes negros, su hermoso pelo,
su fragancia y su dicha.
Tras de sí, el aire se une con el cielo,
la mar, la escolta tras la barandilla,
todo es luz, nota, compás, armonía,
mientras cruza mi niña.
De sus labios emerge alguna frase,
con otra alguien, le da la bienvenida,
y aunque no es a mí, a quien miran sus ojos,
¡qué importa, es tan bonita…!